jueves, 12 de julio de 2007

Espejo



Se levantó esquivándolo todo, como tantos días. Se le cayeron los anteojos, golpeó la cabeza con el mueble del baño, se aplastó un dedo del pie con la silla. Casi un ritual. El espejo le devolvió la misma cara pero no allí. La barba crecida, los ojos sin brillo, el pelo desquiciado, pero no allí. Era en la ochava que da a la diagonal. Esperando el colectivo de las seis y veinticinco. Lo vio pasar a los tumbos, casi desarmándose. Ruido a chapa y una luz violeta en el guardabarro. El adoquín temblando bajo las ruedas. Pero no subió. Se vio al espejo perdiendo el colectivo y supo que llegaría tarde. Se tocó la frente, apenas rozó los dientes con el cepillo, se mojó los ojos con la yema de los dedos y siguió mirándose al espejo, firme en la ochava.
Se sentó en la cama, se ajustó los pantalones, se calzó los zapatos con dos medias distintas y antes de descolgar las llaves e inclinar el picaporte se miró otra vez en el espejo. Ya no estaba. La ochava era una llanura escarchada. Contra la pared, envuelto en un ejemplar del Clarín domingo, alguien dormía inexplicablemente. Apagó la luz del baño y cerró la puerta. El espejo dejó de mostrarle la vida como una ventana. Y él se fue a buscar la diagonal sabiendo que el colectivo pasaría de largo, justo como la vida.
El frío era un cuchillo filoso que cortaba la penumbra. Llegó a la ochava cuando el hombre se despertaba. Tenía la barba crecida, los ojos sin brillo, el pelo desquiciado. El colectivo pasó a los tumbos, casi desarmándose. El se tocó la frente, se quitó el suplemento deportivo de la espalda y vio al recién llegado que lo miraba. Como delante del espejo.

4 comentarios:

Té la mà Maria - Reus dijo...

bonita manera de expresar unos sentimientos, no somos muy duchos pero una pregunta a que se refiere cuando hablas del colectivo a un medio de transporte ?

gracias por las palabras en nuestro blog, nos han llegaod al alma

besos

chus dijo...

Somos un montón de círculos concéntricos, medio descolocados, descentrados más bien, y amontonados frente a un espejo, o en la espera de una calle, o en el interior de una lata con ruedas que se abre, y vomita mano de obra a la fuerza. La historia se vuelve a repetir...
Como siempre, Silvana, un lujo leerte. Un beso con dirección al sur nevado.

chus

pd.- Y lo que tiene esto del pensamiento automático, es que te lleva sin saber cómo a no se sabe bien dónde, y de repente se me aparecieron Les Luthiers, y su "candonga de los colectiveros".

AROA dijo...

gracias por viajar hasta las pléyades... yo ya estuve aquí varias veces.regreso hoy para decirte que me sigue gustando mucho pájaros sin luz.
un abrazo

erato dijo...

Ayss los espejos! Y la vida que pasa! Siempre es un gusto pasar por aquí y leerte o leer tus palabras dulces en mi casa. Un abrazo para ti Silvana.Por cierto el blogger anda como una cabra de loco.